Mi primera ITV con Azahara

La vida está llena de primeras veces, también en lo que se refiere a nuestras monturas: tu primera moto, tu primera caída, la primera vez que te para la Guardia Civil… pero no se me ocurre nada más estresante que tu primera ITV con una moto clásica. 


Hacía meses que no conducía a Azahara con asiduidad. La intensa lluvia de la primavera y la avería de la burroneta la habían desterrado al taller del pueblo, y su estado no hacía presagiar un plácido viaje de 150km hasta Sevilla. No tenía ganas de repetir mi primer viaje con ella.

 

ITV de motos clásicas

 

La BMW R45 es una de las motos más nobles que he conducido, pero como cualquier clásica, un uso no continuado provoca que dejen de funcionar cosas. Muchas cosas. Demasiadas cosas.

Había aprovechado su destierro para una completa puesta a punto: limpieza de carburadores, cambio de toberas de admisión, cambio de aceite, limpieza general, cambio del neumático delantero y reglaje de válvulas.

 

Puesta a punto BMW R45

 

La verdad es que daba gusto mirarla, y el buen tiempo dolía cada vez que la la veía aparcada y castigada sin poder salir. Debido a su destierro obligado, su ITV llevaba varios meses vencida y no podía utilizarla.

Solicité la cita precia y tras más de un mes de espera por fin llegó el temido día.

Esa noche no dormí. Es normal que pienses que exagero, pero mis nervios ante un posible fracaso en el examen de Azahara eran más que fundados. La tarde anterior había estado repasando todos sus puntos débiles, que a buen seguro podían suponerle un No Apto:

  • El cuentakilómetros marcaba menos que en la anterior ITV, dos años antes. 

Pues sí, tal cual. Lo he arreglado un par de veces pero siempre acaba haciendo lo que quiere. Tendría que comprar uno nuevo pero su alto precio siempre acaba quitándome la idea. Ya cuando la compré, su anterior dueño me aseguró que 86.000 no eran sus kilómetros reales.

Sinceramente, no sé si lo son, si tendrá menos o si tendrá más, pero es caso es que, o había hecho 2.400km hacia atrás con la moto (cosa que no me consta), o el dial del velocímetro era una pistola humeante que apuntaba directamente a mi suspenso.

  • Cada vez que me paraba en un semáforo, mi zapato derecho quedaba encharcado en gasolina.

No es que me molestase, me encanta el olor a gasolina, y creo que mis compañeros de trabajo ya se han acostumbrado a verme aparecer cubierto de grasa, pero que un chorrito saliese del carburador con la moto parada no parecía un síntoma muy positivo. Al menos creo que el técnico de la ITV no lo iba a considerar como un fallo leve.

  • El puño del acelerador tenía una holgura considerable.

Esto había sido así desde la última vez que lo cambié. Sinceramente no le había dado demasiada importancia, pero lo cierto es que su recorrido en vacío, es decir, sin actuar para nada sobre el carburador, era mucho mayor que su recorrido acelerando.

Si bien esto no tenía porqué constituir un fallo grave, lo cierto es que era un coñazo.

  • Al frenar con el freno delantero, es decir, con la maneta derecha, no se encendía la luz de freno.

Ante esto no había nada que hacer, sólo rezar para que mi examinador fuera comprensivo. Mi BMW R45 no lo incorpora de serie, y aunque sería muy sencillo instalarlo, prefería respetar la originalidad de la moto.

Aparte de estas minucias, todo perfecto. Bueno… de tantas pruebas me quedé sin batería.

Después de todo esto pensaréis: “¡pues menuda puesta a punto que le habías hecho a la moto!”, o bien: “pues anda que tienes tú mucha idea de motos…”. Totalmente de acuerdo. Por eso preferí no contárselo a nadie.

Con todos estos inconvenientes, añadido a que para llegar a la ITV tenía que recorrer 20km por autovía, comprenderéis que no durmiera en toda la noche.

Eran las 9 de la noche del domingo, mi visita al matadero estaba fijada a las 9 de la mañana del día siguiente. La cita era inamovible si no quería pasarme otro mes sin moto, así que tenía 12 horas para poner la moto a punto.

Continuará.

 

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