El fin de mi romance con la Sanglas

Había tenido a la Sanglas abandonada durante un largo periodo de tiempo. Notaba su mirada inculpatoria cuando dedicaba horas y horas a otras motos sin antes haber terminado de restaurarla, pero su problema con el freno delantero, paradójicamente había supuesto el mayor frenazo a su restauración.


 

Después de llevarla a pintar tras el fiasco inicial, había quedado preciosa. Arrancaba sin problema y mantenía una cadencia perfecta, pero no frenaba, y eso impedía dar por finalizada su restauración desde hacía casi un año.

La bomba adquirida en el desguace debía servir para zanjar el maldito problema, de modo que me puse manos a la obra.

Después de montar la bomba sobre la moto constaté que no quedaba tan mal. A pesar de la diferencia obvia, de más de 20 años, la bomba se adaptaba bien a las líneas de la moto, y si no sabías dónde mirar pasaba desapercibida.

 

Restauración frenos Sanglas (2)

 

 

El primer contratiempo vino al intentar adaptar el latiguillo que unía la bomba con el distribuidor del circuito. Al no tener la misma rosca no podía adaptarse el original metálico de la Sanglas. Tras probar con el de la Benelli respiré más tranquilo, pues éste sí se adaptaba a la nueva bomba.

Si el líquido se escapaba la moto nunca frenaría.

Una vez cerrado el circuito llegó el segundo y mayor contratiempo. Al apretar la rosca del purgador sobre el disco de freno, de fundición, noté como en el apriete final la rosca saltaba por los aires. El disco que alberga los pistones de freno de la Sanglas cuenta con dos tornillos purgadores para permitir la salida de aire del circuito de líquido de frenos. Al apretar demasiado el tornillo sobre tan delicada pieza, había conseguido eliminar la rosca del mismo, con lo que tendría un punto de fuga de líquido con total seguridad. Si el líquido se escapaba la moto nunca frenaría.

Después de maldecir y lamentarme, pues el problema tenía muy mala solución, opté por envolver un tornillo en teflón y adaptar un manguito de goma en la cabeza del mismo, de forma que al apretar el manguito actuase de muelle apretando el tornillo contra la escasa rosca que quedase. El teflón es un material que se utiliza en fontanería para evitar fugas de agua.

 

Restauración frenos Sanglas (2)

Tornillo con teflón

Después de purgar el circuito generando el vacío mediante una jeringuilla, cerré el mismo con los nuevos artilugios de teflón y goma, y constaté que, al menos por el momento, no aparecían fugas visibles de líquido.

Tuve que purgar dos veces más para lograr que el piloto de frenos se encendiera al apretar la maneta, signo inequívoco de que había presión en el circuito. Aun así la moto seguía sin frenar.

Me marché a casa con la certeza de que la solución al problema debía de estar muy cerca y pasé la semana dándole vueltas a posibles soluciones.

Cuando pude por fin escaparme al taller el fin de semana, lo hice con la convicción de que si quería obtener resultados debía empezar de cero y hacerlo todo paso a paso y con sumo cuidado. Desmonté los discos por enésima vez, limpié los pistones y discos con disolvente, que se habían oxidado y estaban anegados en líquido de frenos. Comprobé que se movían con la mano: si yo podía moverlos, el líquido también lo haría.

 

Restauración frenos Sanglas (2)

Discos y pistones

Como apunté en la entrada “Restauración de los frenos de una clásica”, el freno delantero de la Sanglas, a pesar de su aspecto exterior de tambor, es un freno de disco hidráulico: cuatro pistones de acero atenazan la rueda al accionar la maneta de freno. Este sistema fue patentado por Sanglas.

 

Restauración frenos Sanglas (2)

Freno de disco “in board” Sanglas

Lijé la superficie de las pastillas de freno, que habían estado en contacto con el líquido de frenos y resbalaban en contacto con el disco, imposibilitando la frenada. Decidí cegar el tornillo que había estropeado, ya que constaté que a alta presión seguía perdiendo líquido.

 

Restauración frenos Sanglas (2)

Purgador cegado

Finalmente purgué el circuito a conciencia, para evitar la presencia de aire en el mismo, que actuaría de colchón ante la presión de la bomba, absorbiendo la presión que debían recibir los pistones.

(Recuerdo la secuencia de transmisión de presión en el proceso de frenado: presión de la mano a la maneta – bomba – líquido – pistones – pastillas – disco – rueda delantera).

 

Restauración frenos Sanglas (2)

Purgado del circuito

No había nada más que pudiera hacer, había cambiado la bomba, el circuito al completo, el líquido de frenos, limpiado los pistones, sellado fugas y purgado a conciencia. Si la moto no frenaba estaba dispuesto a quitarle la rueda delantera con su maldito freno de disco “in board” y cambiarla por un indestructible disco de freno normal y corriente.

A pesar de todo ello la maneta seguía con poca presión y la moto apenas frenaba en parado. Con todo y con eso me decidí a dar una vuelta con ella, esperaba que con el movimiento y el calor del disco, los pistones se colocaran en una posición adecuada y el poco aire que aún pudiera quedar en el circuito subiese hasta la bomba. Gracias a Dios contaba con el freno trasero, mi seguro al final de la cuesta.

 

Restauración frenos Sanglas (2)

 

Tras una vuelta a la manzana en la que no cesé de apretar la maneta, la moto empezó a clavar la rueda delantera. Era una delicia comprobar después de un año cómo al fin la Sanglas respondía a los estímulos del freno delantero.

Este fin de semana me costó guardarla en el taller, recorrí el pueblo de cabo a rabo constatando que la moto funcionaba y que al fin podía afrontar una cuesta abajo sin miedo a lo que me deparara su final. Después de tantos contratiempos, pero sobre todo, de tanto aprendido, parecía que podía dar por terminada mi primera restauración.

¿Pensarían lo mismo los técnicos de la ITV?

 

Restauración frenos Sanglas (2)

 

Restauración frenos Sanglas (2)

 

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2 comentarios en “El fin de mi romance con la Sanglas”

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