Maldita Azahara

¿Quien me manda a mí enamorarme de una cordobesa? Porque Azahara será todo lo alemana que quiera ser, pero lo de cordobesa, bonita y orgullosa, le viene que ni pintado. De lo infalible y fiable de las alemanas… mejor ni hablar.


Estaba yo acostumbrado a mis motos españolas, de las cuales (con perdón), no me fío ni un pelo, y suelo aparcarlas lo más cerca posible de una cuesta abajo, o de un grupo de amigos dispuestos a empujarme, y siempre había mirado con envidia a las robustas BMW. Siempre que me habían preguntado por alguna de ellas, mi contestación había sido la misma: indestructibles.

Restauración BMW R45

Esa fue la razón para deshacerme de mi Burgman de 250cc y comprarme una BMW R45 para mi día a día en la ciudad. Pero rompiendo una lanza a favor del producto nacional, las alemanas también fallan, ¡y como escopetas de feria!

Después del accidentado viaje del primer día, cumplí mis propias recomendaciones y cambié neumáticos, batería, aceites y filtros. Tras la revisión a fondo, me dispuse por fin a utilizar una semana completa mi nueva y flamante BMW del 79. Los primeros días, nada más llegar de Córdoba, confieso que cuando llegaba la hora de la comida, me hacía el remolón y dedicaba unos 10 minutos más a mis tareas profesionales.

– ¿No comes hoy?

– Sí, ahora mismo, quiero terminar una cosa y me voy.

Esta conversación se repetía inexorablemente durante los primeros días, ocultando el verdadero motivo de mi retraso: quería que el aparcamiento se vaciara por si a Azahara ese día le daba por no arrancar.

Ese día, el viaje de ida a mi trabajo transcurrió sin problemas. Al parar para comer, bajé al aparcamiento en hora punta. Mis miedos habían desaparecido, había hecho una revisión completa de la moto y nada podía fallar. A esa hora todos mis compañeros (que son muchos, muchísimos!) bajaban a montarse en sus vehículos y salir a comer.

Pulsé el botón de arranque y un rugido atrajo todas las miradas sobre mi preciosa cordobesa. Ufano, adelanté a toda la fila de coches que esperaba su turno para salir, ya que las motos pueden salir por otra puerta. Notaba como las miradas de los conductores se iban posando sobre la bicilíndrica. Todo estaba saliendo a pedir de boca.

Dejé la moto en punto muerto y la incliné sobre su pata de cabra, mientras me bajaba a “picar” para salir a comer. Mientras lo hacía, escuché como la moto se paraba. No le dí más importancia, acababa de arrancar la moto y era normal que aún estuviera fría y se calase.

Al volver, volví a pulsar el botón rojo.

Nada. Tan solo ese infernal sonido de motor de arranque que parece reírse de ti, a sabiendas de que no será en ese momento cuando arranque. Uno tras otro fueron pasando los coches a los que acababa de adelantar, hasta que me quedé solo. Solo no, con la maldita Azahara.

Ese fue sólo el primero de los episodios en los que la no-tan-fiable alemana me dejó tirado. También fue el más fácil de solucionar, ya que con un simple cargador de batería puse fin al problema, cuidando a partir de ese momento de no dejar nunca nada encendido mientras la batería no se estaba cargando. Comprobé que ese había sido el fallo, ya que la batería cargaba correctamente en marcha y el circuito no tenía fugas.


Si quieres comprobar de dónde vienen los problemas con la batería de tu moto es muy sencillo:

1) Para comprobar si la batería carga con la moto en marcha: sin desconectar los bornes, coloca cada polo del voltímetro en un polo de la batería. Sitúa el aparato en la posición de medida de voltaje en corriente continua. En punto muerto, acelera la moto. Si el voltaje, que en un inicio debería rondar los 12V (o 6V si la batería es de 6V), sube al acelerar, comprobarás que la carga se realiza de forma correcta.

Batería BMW R45

2) Para comprobar que no existen fugas en el circuito: en este caso tendrás que desconectar uno de los bornes. Medirás la intensidad de corriente o amperaje, colocando el aparato en la posición adecuada (medida de intensidad en corriente continua), con un polo en el borne de la batería y el otro en el terminal que debería ir en dicho borne. Es decir, debes intercalar el multímetro entre el cable y la batería. Si no existen fugas, la medida de amperios que circula por el circuito deberá ser cero, con la moto apagada.

Batería BMW R45


Una vez solucionado el problema eléctrico, contento como estaba de poder disfrutar al fin de mi moto nueva, le exigí al máximo (el máximo, después de aplicar los coeficientes de moto vieja y conductor prudente ronda unos 80km/h) en la carretera que da acceso a mi trabajo. Al tomar la última curva y reducir, para enfilar la última recta, Azahara hizo un extraño, se quedó sin potencia, como diciendo, “ahora te vas a enterar”. Por más que aceleraba y cambiaba de marcha, la moto apenas alcanzaba unos 20 km/h, por lo que fui rebasado una vez más por todos los empleados de la empresa. Ya no sabía donde meterme.

En este caso el tema era más serio, y con las herramientas que tenía a mano no podía solucionarlo, por lo que llamé a la grúa y mandé la moto al taller.

Batería BMW R45

Se trataba de un problema de carburación. Éstos, habían quedado obstruidos y la gasolina no llegaba al motor, por lo que habría que limpiarlos. Podría haberlo hecho yo, pero a esas alturas de la película, le estaba cogiendo una intensa manía a la cordobesa, por lo que decidí dejar el delicado trabajo en otras manos.

Al día siguiente recibí la llamada con el coste de la broma, indicándome que ya podía pasar a recogerla. Sentí el deseo de decirles que se la quedaran ellos, que no quería saber nada más de ella, pero decidí darle una última oportunidad.

Como si de una fuente se tratara, el carburador BING de mi BMW R45 chorreaba gasolina a borbotones.

3 de la tarde. Sevilla. Julio. 40 grados. Me dispongo a arrancar la moto. Me indican que han limpiado los carburadores y le han hecho un reglaje de taqués, y que la moto ahora está perfecta. Lo cierto es que el sonido de la moto, a pesar de la sonrisa confiada del mecánico, no me parece redondo y así se lo hago saber. Me dice que no me preocupe, que la moto está fría, que en cuando ruede un poco con ella se solucionará.

No me gusta discutir, y mucho menos con un profesional que sabe infinitamente más que yo sobre su trabajo, de manera que me guardo lo que pienso sobre el frío a esa hora en Sevilla.

La moto no tira, me adelantan todos los coches una vez más, camino de la gasolinera más cercana. Lo achaco a la falta de gasolina, pues la moto está en reserva extrema. Lleno el depósito y cuando vuelvo de pagar me llama la atención una señora que asustada señala mi moto.

Como puedes entender, a estas alturas, empapado de sudor, enfadado conmigo, con el mecánico y con la moto, sólo vino a mi mente la imagen de un mechero, y las ganas de prender fuego a todo. Lo que señalaba la señora era esa pieza que hace unos años no sabía diferenciar del motor. Como si de una fuente se tratara, el carburador BING de mi BMW R45 chorreaba gasolina a borbotones.

Regresé al taller empujando la moto, 2km, 4 de la tarde, Julio, Sevilla. Cabreo.

En el taller me explicaron algo que no quise escuchar, y dado que no podían ofrecerme una ducha o una cerveza fresquita les pedí que por favor solucionaran el tema del carburador.

Después de este episodio, he de reconocer que Azahara ha ido de maravilla, arranca cuando tiene que arrancar y acelera cuando tiene que acelerar. Al margen de un asunto sin importancia, como fue que las llaves salieran despedidas en plena carretera para, acto seguido, ser aplastadas por un camión que circulaba unos metros más atrás. Accidentes.

Si a día de hoy alguien me preguntara por una BMW les diría lo que siempre he dicho: indestructibles. Luego quizá, les intentaría vender la mía.

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