Llueve… y ha llovido. La historia de la Primitiva

Hoy llovía. No podría avanzar mucho con la restauración de la moto, de manera que decidí investigar un poco sobre su historia.


Mi padre compró la Sanglas en 1979, con 23 años, al terminar la carrera de Medicina. Lo acababan de destinar a Cabañas del Castillo, una pequeña población en un entorno montañoso al Este de la provincia de Cáceres, y necesitaba un medio de transporte para desplazarse por las cuatro pedanías que constituían el municipio de Cabañas: Retamosa de Cabañas, Rotura de Cabañas, Solana de Cabañas y la propia Cabañas del Castillo. La compró por 240.000 pesetas, todo un lujo en aquella época.

Cada día, recorría una ruta de unos 40km para dar servicio médico a las cuatro pedanías. El núcleo de Cabañas, una pequeña población de 40 habitantes en la loma de una montaña, era el más alejado y el menos poblado de los cuatro, por ello se pasaba consulta sólo una vez a la semana. El resto de los días, si algún paciente requería asistencia médica, era costumbre en el pueblo esperar al médico sentado en un antiguo mojón de los que señalizaban las carreteras españolas, en la ruta que unía Retamosa con Solana, a la salida de una vereda que bajaba de Cabañas.

Historia Sanglas 400F

El mojón. Al fondo, el risco de Cabañas del Castillo, donde se ubica la fortaleza que da nombre a todo el municipio.

En una visita que hice en mi infancia a Cabañas, me llamó poderosamente la atención un rústico cartel que, desde la cima, rogaba no arrojar piedras al pueblo.

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Todos los días la misma ruta, por carreteras apenas asfaltadas, siempre acompañado por una cocker negra llamada Peggy, que nada más salir de casa se subía al depósito de la Sanglas para disfrutar de un puesto privilegiado en el viaje. Las maletas, unas Shoei que hubo que comprar aparte pues no venían de serie, hacían las veces de improvisado botiquín portátil, con herramientas que sembraban el terror entre los más pequeños, ayudaban en partos y sacaban muelas en este precioso y desconocido entorno de las Villuercas extremeñas.

Tras tres años en Cabañas, mi padre no puedo eludir durante más tiempo la llamada de la “mili” y volvió a Cáceres. Fue en esta época cuando la moto hizo sus viajes más largos, sobre todo en manos de mi tío Rafa, quedando patente que uno de los mayores defectos de la Sanglas eran sus neumáticos, que reventaron varias veces al calentarse en largos recorridos. En uno de estos reventones, entre Trujillo y Cáceres, dio mi padre con sus huesos en el asfalto, perdurando las cicatrices, tanto en mi padre como en la moto, hasta la actualidad.

Historia Sanglas 400FEn la foto, mi tío Rafa y mi primo Javier, en Cáceres.

El siguiente destino de la Sanglas fue Villafranca de los Barros, al ser destinado mi padre a esta localidad en el sur de la provincia de Badajoz. Fue aquí donde la encontré yo. Aquí mudó su color del verde original al marfil que hoy en día la viste. Su uso no fue diferente al que motivó su compra: un medio de transporte ideal para moverse de casa en casa atendiendo a pacientes.

Una avería en el sistema de arranque eléctrico la desterró al lugar en el que la encontré, donde el polvo y el óxido fueron haciéndola suya. Sus días estaban contados y tenía comprado el billete para su último viaje al desguace, pero ese viaje, aún tendría que esperar.

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Mi hermano Carlos y yo, de pequeños en la Sanglas

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