Homenaje al Vespino

El año 1968 vería nacer a la moto que marcaría a varias generaciones de españoles. En un país que comenzaba a recuperarse económicamente, un ciclomotor de mecánica sencilla, bajo consumo y mantenimiento más que económico fue recibido con los brazos abiertos por todos los públicos. Nacía en Madrid, de la mano de la empresa Moto Vespa S.A., que años atrás había sido creada por Enrico Piaggio para traer sus cotizadas Vespas a España. Con la colaboración del Instituto Nacional de Industria y el Banco Urquijo se buscó crear una motocicleta más económica que las Vespas, que habían reducido sus ventas debido a una crisis del sector.

Restauración de motos clásicas

Vespino original de 1968

El invento, 100% español, fue todo un éxito desde el primer día. Montaba un novedoso motor automático de dos tiempos y 50 c.c., pedales, que permitían su uso como bicicleta, un depósito situado bajo el chasis, también invención de la marca, además de una mecánica extremadamente sencilla, que hacían de este ciclomotor una inversión segura. Cambiar una rueda era más sencillo que en una bicicleta convencional.

Enseguida empezó a poblar las calles de Madrid y poco más tarde las de todo el país. Sólo un año después de su salida al mercado, comenzó a exportarse a Inglaterra, Francia, Marruecos, Colombia, Chile, y Alemania.

Durante los 32 años que estuvo a la venta fue líder indiscutible del mercado. Más de 1.800.000 Vespinos salieron de la fábrica de Ciudad Lineal, donde 900 personas eran capaces de fabricar 1.000 motos al día. Se produjeron 20 modelos diferentes, desde el original Vespino de 1968 hasta el último NL Telepizza del año 2000.

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La fábrica española tuvo que acatar las directrices de su matriz italiana, que le impidió exportar a mercados donde competía con otros modelos de Piaggio y que acabó cerrando la factoría de Madrid, provocando un fin prematuro del Vespino, que aún gozaba de buena salud. Sería el fin de una moto que había marcado a un país, que había compuesto la banda sonora de varias generaciones y que sería la mejor escuela para mecánicos aficionados y manitas. El año 2000 vería el fin del Vespino, pero no hay más que salir a la calle de cualquier ciudad española para comprobar que el Vespino sigue igual de vivo que siempre.

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