Cómo no pintar una moto: experimentos con gaseosa

Tenía a la Ducati abandonada. El deseo de transformación en Café Racer había sido desplazado por el de verla andando y arrancando sin problema, cosa que, debido a su extrema compresión y ausencia de motor de arranque, no había conseguido aún.


Cada vez que entraba en el taller hacía como que no la veía, y a buen seguro ella me lo pagaba con su testaruda negativa a arrancar. Tenía que mimarla. Tenía que hacerla sentir bonita para recibir algo a cambio.

Fue por ello por lo que decidí pintarla yo mismo, y ese fue el primer error que cometí. He de decir que es la segunda vez que cometo este mismo error, pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Esta vez quería intentar pintarla con spray, pues la primera había sido a pistola y el resultado había sido nefasto.

Comencé por adquirir unos sprays de buena calidad, cosa que supuse sería imprescindible para un buen acabado. Compré cuatro: una imprimación para metales, otra para plásticos (ya que las cachas de la Ducati son de plástico mientras que el depósito es metálico), una pintura industrial beige, y un barniz. De las cuatro, el barniz era el que menos me convencía. En los talleres de chapa y pintura utilizan pinturas bicomponente, que incluyen un catalizador que acelera el secado de la misma y logra el ansiado efecto espejo. Mi barniz no era ni de lejos bicomponente, pero con mi aventura quería ahorrarme unos 80€, ¡y a algo tendría que renunciar! No todo era el dinero, he de decir que el enano enreda que hay en mi interior me alentaba a pintar la moto yo mismo.

¡Hazlo tú! Me decían… ¡Quedará bien! Me decían…

Pertrechado con los cuatro botes y con un buen arsenal de lijas de agua, me personé en el taller. Los perros me miraron, movieron la cola, agacharon la cabeza y se dieron la vuelta como diciendo, ¡no sabes dónde te metes amigo!

Cómo pintar una moto

 

Cómo pintar una moto

Comencé lijando a conciencia las piezas y fue aquí donde cometí mi segundo error, y posiblemente el definitivo. A mitad de la tarea la lijadora se paró (esto aún no lo sabe mi padre), y desolado tuve que cambiar a energía manual para seguir lijando. Ni que decir tiene que después de más de dos horas lijando, mi listón de exigencia con el lijado había descendido considerablemente, y decidí que el resultado era óptimo. Craso error.

Cómo pintar una moto

Tras el maratón de lijado, me apetecía dar rienda suelta a mi creatividad, y decidí crear mi propia cabina de pintura. Cuando pinté La Primitiva, se echó todo a perder en el momento en que el polvo tomo posesión de las piezas recién barnizadas. Esta vez no me ocurriría.

Compré un plástico de pintor y forré una mesa de Ikea que rondaba por el taller. El resultado no es muy vistoso, pero me permitía pintar en una posición cómoda y tapar las piezas una vez hubiera terminado, para evitar así que nada se pegase a la pintura.

Cómo pintar una moto

Cómo pintar una moto

Tras la primera capa de imprimación parecía que todo marchaba sobre ruedas. El aspecto de la pieza era bueno y decidí no lijar más. Tercer error.

Cómo pintar una moto

Dejé secar la imprimación y empecé a dar capas de pintura, esperando unos 20 minutos entre capa y capa para que se secara. La cabina funcionaba de maravilla, aunque los vapores concentrados que emanaba me hicieron perder varios años de vida. Es fundamental utilizar mascarilla y gafas de protección. Yo usé mascarilla, pero no la adecuada.

Cómo pintar una moto

Tras varias pasadas durante dos días, me di cuenta de que podía parar cuando quisiera, el depósito no iba a quedar bien por mucho que insistiera. El fallo cometido en el lijado iba a condenar el resultado y ya no tenía solución posible, excepto volver a empezar desde cero.

Las pequeñas imperfecciones que a priori creía que iban a desaparecer con varias capas de pintura no hacían más que salir a la superficie como ansiosas por acusarme, delatando mi falta de exigencia del día anterior. Por mucho que lijara ahora no podría conseguir que desaparecieran, y mucho menos un resultado perfecto.

Cómo pintar una moto

Decidí ahorrarme el mal trago del barniz, había tropezado de nuevo con la pintura. Ahora sólo quedaba plantearse si empezar de nuevo o ceder a mi cabezonería y llevarla a pintar al taller. Tengo 15 días para pensarlo. Al menos he aprendido que, por mucho que gastes en pintura, el paso más importante es sin duda un lijado perfecto.

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2 comentarios en “Cómo no pintar una moto: experimentos con gaseosa”

  1. Que buen reportaje! Y creeme, sé cómo te sientes…. A mi me pasó lo mismo… Y por si fuera poco después de mil capas de pintura resulta que no ha curado bien y si le cae una gota de gasolina se me deshace…. Además, por lo que dices de la piedra, me temo que me volverá a pasar, estoy seguro….

    1. Hombre Skaker! Lo tuyo quedó muchísimo mejor!! Ya me gustaría que hubiera quedado como tu Ossa! Seguiremos intentándolo, me resisto a tener que llevar a pintar cada moto y dejarme el dinero, la próxima con pistola y bicomponente!

      Un abrazo.

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