Funcionamiento (y sufrimiento) de un freno hidráulico

Los frenos hidráulicos constituían mi asignatura pendiente. Todas las motos que habían pasado por mis manos habían llegado frenando perfectamente, y como no podía dormir tranquilo si no desmontaba cada pieza, tras la restauración no frenaba ninguna de ellas. Estaba claro que la hidráulica no era lo mío.


La Sanglas Primitiva había tardado casi un año en pasar la ITV por culpa de su freno delantero. Afortunada, nuestra Ducati Forza, entre otros problemas tenía la bomba desmontada y sin funcionar. Ambas parecían concentrar sus problemas de frenado en la bomba, de manera que opté por centrarme en Lebrijana, nuestra Benelli 250 2C, cuya bomba parecía funcionar y su problema debía de radicar en el circuito.

Las bombas delanteras son caras, y las circulares que montan casi todas las motos clásicas son muy difíciles de conseguir a día de hoy, de manera que habría que optar por cambiarlas a bombas cuadradas más modernas si no éramos capaces de arreglar las que teníamos.

¿Cómo funciona un freno hidráulico?

El funcionamiento de un freno hidráulico es muy sencillo. El fundamento es transmitir una presión desde un punto (maneta de freno o pedal de freno), hasta otro lejano (pastillas de freno). En una bici no muy moderna, para transmitir esa presión se utiliza un cable (en las antiguas mediante varillas). En una moto o un coche, se transmite mediante un fluido: el líquido de frenos.

Nuestro buen amigo Pascal, explicó todo este proceso mediante sencillas fórmulas, pero no vamos a entrar en tanto detalle. En esencia, haciendo una pequeña presión en la maneta de freno, generamos una gran presión en las pastillas, capaces de frenar nuestra moto a más de 100 km/h.

El problema surge cuando dentro de ese circuito encargado de transmitir la presión existen burbujas de aire, que actúan como colchones, absorbiendo la presión que deberían recibir las pastillas, con lo que éstas no llegan a moverse. Por esta razón deben purgarse los circuitos de frenos.

Después de probar miles de métodos de purgado con la Sanglas en Restauración de los frenos de una clásica, me informé bien sobre los procedimientos recomendados para purgar los circuitos hidráulicos de freno.

Todos ellos coincidían en que el purgado del sistema debía hacerse con la bomba cerrada y ayudándose de un tubo transparente para comprobar la salida de burbujas. El tubo ya lo habíamos utilizado con la Sanglas, pero además incorporaban la utilización de algún mecanismo para crear un vacío que ayudase a las burbujas a salir del circuito.

Busqué una bomba de vacío, que no encontré en mi pueblo, de manera que opté por usar mi boca como ese “mecanismo”, aspirando mediante el tubo de goma. Después de perder varios años de vida aspirando un fluido tóxico como es el líquido de frenos, llegué a la conclusión de que una jeringuilla haría un mejor efecto que mi lengua.

Otra mejora al sistema, fue la incorporación de una válvula antirretorno, de las usadas en las peceras para evitar que el agua inunde el compresor de aire. Con esta válvula conseguiría que el aire que saliese del circuito no volviese a entrar en el mismo al desaparecer el vacío.

 

Pertrechado con todos estos utensilios y un bote nuevo de líquido de frenos me encaminé al taller y lo monté todo en la moto.

El resultado era espectacular. Salían burbujas por doquier, tantas que me preguntaba de dónde podría salir tanto aire, pues el circuito de frenos no tenía tanta capacidad. Por otra parte, quedó constatado que en líquido no se hallaba en el mejor de los estados, ya que tenía un color oscuro bastante sospechoso.

¿Cómo purgar un freno hidráulico?

El mecanismo que seguimos fue el siguiente:

  1. Abrimos media vuelta de tuerca el purgador
  2. Cerramos la bomba y manteníamos en esa posición
  3. Dejábamos que salieran las burbujas hacia la jeringuilla que generaba el vacío
  4. Cuando dejaban de salir burbujas, cerrábamos el purgador, soltábamos la maneta de la bomba y volvíamos a repetir el proceso

Repetí el proceso durante dos días, durante los cuales las burbujas no cesaron de salir, y la frenada no mejoró en ningún momento.

Estaba claro que se me estaba escapando algo, pues era imposible que saliese tanto aire del circuito, ya que físicamente no cabía. El nivel de la bomba de freno no varió en los dos días, lo cual tampoco era posible, pues el espacio que se estaba liberando al sacar el aire tenía que ser rellenado por líquido de frenos proveniente de la misma.

A última hora del domingo, cuando estaba recogiendo para irme llegó mi padre y me preguntó si había comprobado la bomba y el circuito. Había comprobado el circuito esa misma mañana, la bomba, si bien tenía poca presión, empujaba el líquido de frenos, pues podía comprobarse fácilmente en el tubo de goma, sin embargo no la había limpiado por miedo a echarla a perder como me había pasado con la bomba de la Ducati.

Decidimos no obstante desmontar todo el circuito y limpiar todos los conductos con el compresor de aire. ¡No había líquido! En mi afán por purgar el circuito había vaciado por completo el mismo, no sólo de aire sino también de líquido de frenos.

Efectivamente el problema se encontraba en la bomba. Si bien empujaba el líquido del circuito, en su posición abierta no dejaba entrar líquido, por lo que el circuito no llegaba a llenarse. El líquido que se evacuaba no volvía a entrar a través de la bomba, por esta razón el nivel de la bomba no había variado en dos días.

Después de limpiar la bomba y montar el circuito de nuevo, el líquido llenó todos los conductos a la perfección. La purga se realizó por completo en un solo intento.

La Benelli frenaba como recién salida de la fábrica. La hidráulica había dejado de ser un problema.

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