Complicaciones, ¿cómo funciona un embrague?

La Sanglas estaba quedando preciosa, costaba creer que fuera la misma moto que un mes atrás había despertado mi curiosidad, sin duda el esfuerzo estaba dando sus frutos. A simple vista, quedaba poco por hacer, sin embargo a medida que ahondabas en los detalles iban surgiendo nuevos problemas, posibles mejoras, y una máxima que se repetía una y otra vez: cada día que arreglábamos algo, algo nuevo se estropeaba.

Embrague Sanglas 400F

No obstante había llegado el momento de sacarla a la calle, de quitarle al motor las telarañas. Ya disfrutábamos cada día con su sonido de otro tiempo, comprobábamos que cada intermitente, luz, bocina o cualquier elemento eléctrico que se terciara, seguía funcionando, aunque lo hubiésemos probado diez minutos antes, sin embargo no podíamos obviar por más tiempo el mayor de los problemas. La moto arrancaba pero no andaba.

De todos los problemas que habíamos encontrado, éste era uno de los más sencillos a la hora de determinar sus causas, no obstante era posiblemente el más complicado de solucionar, con nuestros medios y conocimientos. Me explico: el motor funcionaba, eso era obvio, como he dicho, lo escuchábamos cada día, sin embargo, en el momento en que metíamos cualquier velocidad, la moto se calaba. Teníamos un problema de transmisión, teníamos la fuerza, pero no la manera de transmitirla a las ruedas, y de esto se encarga en primera instancia el embrague y la caja de cambios.

Cuando un vehículo no arranca, o bien se cala nada más meter la velocidad, el español medio opta por la conocida solución universal: arrancar cuesta abajo en segunda. Esta compleja solución cuenta con la contrapartida de tener que empujar la moto cuesta arriba si no funciona el método, y obviamente este fue el caso. Si a esto añadimos que aún no habíamos llegado al capítulo de los frenos, el asunto podía convertirse en un drama.

Ni corto ni perezoso, mi padre se lanzó cuesta abajo con la segunda velocidad engranada, arrancó la moto y efectivamente consiguió arañar unos metros de tracción, pero al llegar al final de la cuesta y volver a intentar avanzar, la moto, máquina de costumbres fijas, volvió a calarse, y tuvimos que empujar sus 400 kg hasta arriba otra vez.

Arrancar Sanglas

Mi padre, cuesta abajo

El esfuerzo no obstante, no había sido en vano, ya que podíamos determinar que la caja de cambios, al menos la primera y la segunda marcha, existían y engranaban, aunque fuera a la fuerza. El problema estaba en el embrague.

El embrague conecta el motor con la caja de cambios, es el encargado de permitir el cambio de marchas. El pistón sube y baja dentro del cilindro de manera continua, podemos hacer que vaya más rápido o más lento mediante el acelerador, sin embargo nunca se para por completo, a no ser que paremos el motor.

Imaginemos, por simplificar, que el pistón subiendo y bajando hace girar una rueda dentada que transmite el movimiento a la rueda trasera de nuestra moto. Al cambiar de marcha, cambiamos el tamaño de dicha rueda dentada, la primera la más pequeña, hasta la cuarta marcha que monta la Sanglas, la rueda mayor. Si el motor nunca se para, ¿cómo podemos cambiar el engranaje sin que éste salte por los aires? Gracias al embrague.

No es mi intención detenerme en explicar en detalle su mecánica, pero creo que con un sencillo ejemplo se puede entender bien cómo funciona el embrague de una moto. Lo que queremos conseguir es que una parte gire siempre (el eje que viene del motor) y otra parte pueda pararse para cambiar el engranaje (el eje de marchas). Imaginemos una batidora, en la cocina, preparando cualquier emulsión. En este caso la batidora es el motor, siempre gira, y el vaso es nuestro eje de marchas, está parado mientras que la batidora gira. Mientras la emulsión esté líquida, incluso podemos soltar el vaso, que permanecerá parado mientras gira la batidora. En este momento el motor está girando y nuestro eje de cambios está parado, por lo que podríamos cambiar de marcha sin problema. En el momento en que la mezcla emulsiona, la densidad de la misma hará que, llevado al extremo, batidora y vaso giren solidariamente. En este momento tenemos nuestro motor girando junto con el eje de cambios, y por tanto, ¡nuestra moto en movimiento!

En el embrague esto se produce gracias a los llamados discos de ferodo, que “arrastran” a unos discos metálicos que hacen girar el eje de cambios. Cuando accionamos el embrague, estos discos se separan y dejan de arrastrar a los metálicos, por lo que el eje de marchas puede detenerse.

Aquí os dejo un vídeo del funcionamiento del embrague de La Lebrijana, puede verse como al principio, el embrague gira solidariamente con el eje motor, sin embargo, al final, al separar los discos, gira el embrague pero no el eje.

Embrague Sanglas 400F

A la derecha, los discos de ferodo, que son como de corcho, y a la izquierda, los metálicos

En este punto de la reparación he de decir que nos faltó valor y ganas de mancharnos de aceite. Habíamos detectado el problema e intuíamos la solución, pero no sabíamos qué podíamos encontrarnos al abrir el motor, temíamos perder alguna pieza y agrandar el problema. De manera que, muy a mi pesar, decidimos llevar la Sanglas a un mecánico conocido. Afortunadamente, tenía el taller en la misma calle y cuesta abajo, por lo que no tuvimos que volver a cargar con ella calle arriba.

Embrague Sanglas 400F

A la izquierda, el eje primario, que hemos llamado eje del motor, y en el centro, el círculo grande, el embrague

Después del tiempo que habíamos pasado con ella, no pudimos ni abandonarla en el mecánico, que sin problema nos dejó observar y preguntar mientras reparaba el embrague.

El problema se solucionó separando los discos, que con el tiempo, la falta de uso y el mal estado del aceite, habían quedado pegados, haciendo imposible el funcionamiento del mecanismo del embrague. En el ejemplo anterior, la mezcla habría emulsionado y batidora siempre arrastraría el vaso. En la foto puede verse el color verde que tenía el aceite, completamente descompuesto.

Lo cierto es que pasé un fin de semana entero visitando al mecánico para ver si había terminado con la Sanglas, pero allí estaba, con el motor abierto sin reparar, como quejándose por haberla dejado allí abandonada. Por fin, tras una larga espera, pudimos recogerla del taller, y esta vez sí, la moto funcionaba, no tuvimos que arrastrarla calle arriba. La Primitiva ya volaba.

 

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